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ERGOSFERA   ·   JOSÉ ÁNGEL BRANDARIZ   ·   MAN HAUSER   ·   RENATO NÚÑEZ





Ambientes donde se mueve ZTC

Ergosfera


CONTEXTO I: ESPACIO-TIEMPO GLOBAL

El actual proceso de proliferación de los sistemas de videovigilancia como forma de control del espacio urbano parece debido principalmente a dos factores: por una parte, a más de una década de aplicación de políticas del miedo post-11S por parte de gobiernos, medios de comunicación e instituciones capitalistas (lo que ha calado profundamente en las formas de vida y aspiraciones de las clases medias propietarias), y por otra, a los rápidos avances tecnológicos del sector digital, que han supuesto un abaratamiento progresivo de estos dispositivos hasta convertirlos en objetos de uso masivo.

A día de hoy, y simultáneamente a la difusión de estos sistemas en todas las ciudades del mundo, se están desarrollando múltiples investigaciones (ya aplicadas total o parcialmente) centradas en el aumento de sus capacidades, tanto en lo que se refiere al uso para la vigilancia urbana de las tecnologías biométricas (como el reconocimiento facial) y otros nuevos programas de procesamiento de imágenes (como el reconocimiento automático de matrículas), como sobre los dispositivos portadores de estos softwares, en este caso casi siempre desde el mundo militar (como los famosos drones capaces de reconocer y asesinar personas en cualquier lugar del planeta).

Un verdadero submundo en pleno auge y transformación que, además de un negocio multimillonario, acaba generando otros procesos alrededor de las consecuencias derivadas del uso masivo de estos sistemas en los espacios públicos: desde todo tipo de publicaciones, encuentros, exposiciones o revistas científicas especializadas (como Surveillance & Society), hasta toda una cultura antagonista promovida por ciudadanos para los que la utilización indiscriminada de estos dispositivos es claramente abusiva y coercitiva. Una cultura que ya ha empezado a generar ciertas organizaciones activistas, eventos colectivos y mucha información compartida sobre protocolos de denuncia de sus irregularidades, cartografías de su situación en las ciudades, y métodos de inhabilitación de estos sistemas con los que explicitar el fuerte rechazo social que suscitan.

Volviendo al espacio urbano, las cámaras de videovigilancia son elementos con una potente e inusual presencia en la ciudad porque su objetualidad es radicalmente performativa (en Middlesbrough ya se han colocado cámaras con altavoces a través de los cuales se informa en tiempo real a los ciudadanos que están "haciendo algo mal"…), imponiendo un sistema de hipervisibilización-invisibilidad que, sin tener que profundizar mucho en Foucault, distorsiona la percepción y vivencia de lo urbano en distinta medida que lo que en su momento o lugar hacen las miradas ocultas tras las ventanas o las orejas tras las puertas, y que, como mínimo, requiere un debate público más explícito y que incluya la perspectiva urbanística como contraposición a las aspiraciones de las instancias propietarias.

Un debate que queda por ahora en las arenas políticas locales, entre los defensores de la vigilancia como forma de libertad a través de la seguridad (objetiva y, fundamentalmente, subjetiva), y los de la libertad a través de la intensificación de la vida urbana como forma de seguridad en sí misma.


CONTEXTO II: ESPACIO LOCAL

Además de esta actualidad genérica, el interés de la videovigilancia como tema de trabajo surge también del propio contexto de Santiago de Compostela, debido a la condición globalizada de su centro histórico, un claro ejemplo de área urbana en el que su capacidad de atracción turística ha generado un consenso infantil en torno a la necesidad de control como forma de asegurar la normalidad de las cosas esperada por vecinos y visitantes.

Un proceso, el de la globalización de determinados fragmentos del planeta, ante el que el pensamiento urbanístico no ha hecho más que plantear escenarios desconflictivizados, estables y reconocibles, en los que los flujos económicos globales puedan redistribuirse entre los comerciantes locales a través de las rentas del turista medio internacional; un atrezo temático siempre necesario para ese tipo de viabilidad económica que muchos otros territorios gallegos contemporáneos son acusados de poner en peligro a través del mal llamado "feísmo".

Además de recomendar una lectura transversal de los numerosos estudios sobre los procesos de gentrificación, turistificación o disneyficación que han transformado en las últimas décadas a muchos centros históricos de todo el mundo, hay una cuestión que nos gustaría dejar clara: es muy urgente identificar cuáles son las aportaciones no económicas de estos procesos globalizadores (productores como mínimo de una cierta diversidad de personas, modos de vida, materialidades y ambientes en general a escala ultra-local) que podrían estar siendo coartadas por la hiper-seguridad y la videovigilancia, para, a partir de ahí, averiguar y debatir si en realidad estos dispositivos son inevitablemente consustanciales a los interesantísimos procesos en los que lo local se supedita a lo global. Es absolutamente inaceptable que continúen siendo únicamente las empresas transnacionales tipo McDonald's o Fnac las que investiguen de forma activa (construyendo lugares) lo que quiera que sea una espacialidad global, compartida y de uso público.


CONTEXTO III: TIEMPO LOCAL

Por último, otro de los factores contextuales de esta temática es su especial actualidad en Santiago, por el papel central que han representado las grabaciones de cámaras de vigilancia en varios sucesos hiper-mediáticos en los últimos meses. Una serie de casos en los que ha quedado claro el entusiasmo general de la opinión pública con la videovigilancia como herramienta neutral (cuyas interferencias con lo social pueden considerarse inapreciables) que nos permite tele-presenciar accidentes impactantes o participar en bochornosos juicios paralelos basados en la filtración a la prensa de este tipo de imágenes.

No sólo son entonces el Estado y el Mercado las instancias plenamente satisfechas con este modelo securitario, sino también una buena parte de la ciudadanía cómodamente instalada en el Santiago "plató de televisión". De ahí que este proyecto plantee directamente la confrontación con la destrucción como discurso, ante la demostrada dificultad de trabajar con la vía legal (evidentemente más aceptada por la opinión pública, pero sin validez conceptual como vía de pensamiento): el Movemento polos Dereitos Civís lleva años luchando contra la videovigilancia en los espacios urbanos gallegos apelando a la Ley de Protección de Datos (a través de denuncias basadas en la situación irregular de las cámaras, en la inexistencia de las motivaciones requeridas para legalizar su instalación, o en defectos de forma burocráticos) y el proceso de proliferación de estos sistemas no se ha ralentizado en absoluto.


CONTEXTO IV: FUTUROS INMEDIATOS

Se puede pensar que los sistemas de videovigilancia son completamente superfluos y que sólo funcionan como placebo tranquilizador para sus consumidores, mientras para el resto de ciudadanos no significan nada. Una perspectiva muy dudosa porque implica la neutralidad de todo detalle urbano (objetos, materialidades, símbolos, estéticas, etc.) con respecto a las formas en cómo se viven los espacios; y porque además, ya sabemos que los procesos de sustitución de las relaciones humanas por la mirada distante desde estos dispositivos tiende a generar procesos tan disparatados como la instalación de cámaras en los colegios para poder comprobar en todo momento si tus hijos y sus profesores están representando bien sus papeles.

También se puede pensar que no tiene por qué ser negativa la existencia de diferentes gradaciones de control en la ciudad, siempre y cuando la redistribución de las funciones urbanas según sus requerimientos de vigilancia no derive en exclusiones asimétricas impuestas (guetos definidos únicamente por la capacidad económica de sus habitantes). En este sentido, serían las posibilidades productivas de estos entornos urbanos "retransmitidos" las que exigirían nuestra atención para imaginar nuevos protocolos de hackeo e intensificación con los que relacionarnos con estos ya tradicionales vecinos de la ciudad, reapropiándonos de sus cualidades comunicativas y de su capacidad de creación de escenarios urbanos transmediáticos.

La cuestión inquietante es pensar en un futuro cercano si continuamos por esta deriva y no avanzamos en ese otro sentido productivo, porque entonces la única pregunta que surge es la de si es necesario hacer todo lo que podemos hacer: ¿compensa realmente dotarnos de una herramienta que no reduce significativamente los crímenes, pero que llevada al extremo podría servir como forma de control y persecución de todo lo considerado indeseable en cada momento?, es decir, ¿tiene algún sentido, sabiendo como sabemos que pronto se podrán interconectar las cámaras de toda una metrópolis y reconocer las caras de sus habitantes, y conociendo un poco la historia reciente y los procesos actuales de auge de las políticas xenófobas, que demos pie a esa posibilidad de eliminar las sombras de la ciudad?


Noviembre de 2013




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